lunes, 24 de marzo de 2014

OBESIDAD

La obesidad no puede ser contemplada únicamente como un problema endocrino o de comportamiento. Es bien sabido que si se somete a un grupo de personas al mismo régimen de ingesta de energía y ejercicio físico, aparecerán diferencias individuales en cuanto a la ganancia o pérdida de masa corporal.

Son los factores genéticos los que determinan esta variación. La obesidad se puede ver como un desequilibrio entre la energía consumida y la energía gastada. Los factores genéticos genéticos afectan a ambos componentes de la ecuación; pero también se encuentran influenciados por patrones de comportamiento, el ambiente y la herencia multifactorial.

El incremento de la prevalencia de obesidad en los países industrializados no puede ser debido a un repentino cambio del fondo genético. La situación refleja el proceso de selección natural que ha favorecido los genotipos ahorradores de energía, con mayor posibilidad de sobrevivir en períodos de escasez. La abundancia de alimentos hipercalóricos ha roto el balance consumo-gasto y ha hecho aflorar la carga genética subyacente. Los avances tecnológicos han permitido en los últimos 5 años identificar alrededor de 300 genes,, marcadores y regiones cromosómicas involucrados en el mantenimiento del balance energético y en el desarrollo de la obesidad. Se trata de genes con efectos mínimos a nivel individual, que actúan de manera conjunta en los distintos pasos de las rutas metabólicas. Falta establecer las interacciones de estos genes entre sí, y de los genes con el ambiente para llegar a comprender la abundancia de datos de los que se dispone.




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